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Que Jaén se conozca como la tierra del ronquío no se debe a la sinfonía de verano que los vecinos de alguna plaza del casco histórico puedan darte como regalo estival a la hora de la siesta. El ronquío jiennense es la pronunciación fuerte del sonido /j/, que lo diferencia del resto de las provincias andaluzas, haciendo el habla jiennense única y especial. El sonido gutural que en la tierra del Santo Reino caracteriza a este fonema se debe a que la aspiración de la /f/ latina no llegó nunca a esta zona oriental de Andalucía. Sin embargo, en cuanto a la economía de sonidos que caracteriza a los andaluces, no es en la caída de la /d/ final, típica cuando pedimos un “pescao a la plancha” lo que diferencia el habla de Jaén. Aquí nos comemos el principio de la palabra, con raspas y todo.

El estado de estupefacción del jiennense ante cualquier inesperada novedad tiene palabra propia, surgida de la unión de estos dos rasgos fonéticos del andaluz jiennense. La irgen o Irgen es una prueba clara de ello. Para condimentar el asunto, se aconseja acompañar la expresión misericordiosa con un sustantivo o adjetivo en grado superlativo: el grado propio de las cosas en Jaén. Cuando tu amigo estrena nuevo coche, “la irggen qué cochazo” o, si hace mucho viento, “la irggen qué airazo”. ¿Qué tu cuñado ha dicho una tontería durante la cena familiar del año? “La irggen nene, qué chominá más grande”.

Y es que la irgen es, sin duda, una de las palabras que mejor representa a Jaén. El vocablo deriva de “la virgen”, figura femenina protagonista de un libro muy conocido que muchos habréis leído, como buenos lectores de bestsellers. Su expresión tiene distintos grados, pues no es lo mismo decir “la irggen nene”, como alegato de la sorpresa estándar, que decir “irggen santístima”, lo que, según la situación, significará mayor impacto o agotamiento ante lo que se está diciendo.

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Pero la madre bíblica comparte otras definiciones que, igualmente, se usan como exageración para captar el interés de un grupo humano. Es el caso de la vística, utilizada a menudo con el objetivo de no mencionar los nombres sagrados en vano. Parece ser que su origen hace mención a uno de los santuarios más importantes de la provincia, ya que se sospecha que la vística no es sino la contracción y deformación fonética de La Virgen de Tíscar, patrona de Quesada, en la sierra de Cazorla. Sin embargo, poco a poco va cayendo en desuso.

Así que, la próxima vez que escuches mentar a la santa madre en boca de un jiennense, no pienses en sacrilegios ni en satanismo. Abre los oídos y atiende a lo que hay que escuchar, seguro que te llevarás una sorpresa.

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Por  Paz Madrid
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